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Protocolo ante Amenaza de Bomba: la Llamada y los 5 Minutos Siguientes

Protocolo ante amenaza de bomba: el formulario de la llamada, quién decide evacuar y por qué no se busca el artefacto. Guía para vigilancia en Colombia.

Protocolo ante Amenaza de Bomba: la Llamada y los 5 Minutos Siguientes

Una amenaza de bomba casi siempre llega por teléfono, casi siempre es falsa, y casi siempre encuentra a quien contesta sin la menor idea de qué preguntar. Eso último es lo único que se puede corregir de antemano, y es lo que decide la calidad de todo lo que viene después.

El protocolo ante amenaza de bomba tiene tres partes: la llamada, la decisión y la respuesta. La mayoría de las organizaciones solo tiene escrita la tercera.

Parte 1: la llamada

Quien contesta el teléfono —recepción, portería, el vigilante de turno— tiene entre treinta segundos y dos minutos para obtener información que después no se puede recuperar. Sin un formulario a la vista, no va a obtener nada.

El formulario debe estar impreso y pegado junto a cada teléfono que reciba llamadas externas. No en una carpeta, no en el computador: a la vista.

Qué anotar mientras la persona habla:

Sobre el mensaje:

  • Hora exacta de la llamada.
  • Palabras textuales, lo más literal posible.
  • ¿Cuándo va a explotar?
  • ¿Dónde está?
  • ¿Qué aspecto tiene?
  • ¿Por qué lo hizo?

Sobre quien llama:

  • Voz: hombre, mujer, adulto, joven.
  • Estado: calmado, alterado, ebrio, leyendo un texto.
  • Acento o forma de hablar.
  • Si conoce el lugar: usa nombres internos, menciona áreas específicas.

Sobre el fondo:

  • Ruidos: tráfico, música, voces, maquinaria, otro teléfono.

Ese último bloque es el que más aporta a la investigación posterior y el que nadie anota porque nadie le dijo que escuchara.

Reglas para quien recibe: no colgar, mantener a la persona hablando el mayor tiempo posible, no discutir, hacer señas a un compañero para que avise mientras la llamada sigue, y no borrar el registro de llamada.

Panel de la empresa con el registro cronológico del evento La hora exacta de la llamada y de cada paso posterior queda registrada mientras ocurre, no reconstruida después.

Parte 2: la decisión

Esta es la parte que más problemas genera, porque suele no estar definida.

¿Quién decide evacuar? Debe ser una persona identificada por cargo, con un suplente, y su decisión no se discute en el momento. Si la definición no existe, lo que ocurre es una discusión de diez minutos mientras el reloj corre.

El vigilante no toma esa decisión por su cuenta salvo que el protocolo se lo delegue explícitamente para casos concretos.

¿Con qué criterio? La mayoría de las amenazas son falsas, pero evaluar credibilidad en caliente es difícil. Los factores que se consideran: especificidad del mensaje (una amenaza que menciona un lugar exacto y una hora es más creíble que una genérica), si hubo amenazas previas, si hay un conflicto en curso que la explique, y si hay algún hallazgo físico.

La opción intermedia existe. No siempre es evacuar o ignorar. Se puede hacer una revisión discreta por parte del personal que conoce cada área, sin evacuar, y decidir después. Esa opción debe estar contemplada.

Parte 3: la respuesta

Lo que NO se hace

Conviene empezar por aquí porque son los errores que más daño causan:

No se busca el artefacto. El personal de vigilancia no está entrenado ni equipado para eso, y manipular un objeto sospechoso es exactamente lo que no debe pasar. Se identifica, se aísla la zona y se espera a la autoridad.

No se usan radios ni celulares cerca de un objeto sospechoso. Es una precaución estándar y hay que decirla porque el instinto es justamente comunicar desde donde uno está.

No se toca, mueve, cubre ni moja nada.

No se anuncia por altavoz “amenaza de bomba”. Genera pánico y el pánico produce más lesionados que la mayoría de las amenazas. Se usa el protocolo de evacuación normal.

Lo que sí se hace

  1. Avisar a la autoridad competente de inmediato.
  2. Notificar a quien decide.
  3. Si se evacúa: usar rutas normales, alejar a la gente lo suficiente —bastante más de lo que la intuición sugiere— y no reunir a todos en el estacionamiento adyacente, que es donde la gente va por costumbre.
  4. Revisión discreta por área, si se decidió esa vía, hecha por quien conoce el espacio: la persona que trabaja ahí todos los días reconoce lo que no pertenece mucho mejor que un desconocido.
  5. Controlar accesos para que nadie reingrese.
  6. Registrar todo con hora.

El punto de reunión, otra vez

Un punto de reunión demasiado cerca es un problema serio en este escenario específico. Y hay una consideración que rara vez se menciona: el punto de reunión habitual es predecible, y en amenazas dirigidas eso importa. Tener un punto alternativo definido es prudente.

El canal de radio de la operación en el equipo del vigilante La coordinación con la central va por el canal de la operación, con transmisiones cortas y desde lejos del área aislada.

Después

  • Nadie reingresa hasta que la autoridad lo autorice. Ni por documentos, ni por el carro, ni por nada.
  • Informe completo con el formulario de la llamada, la cronología y las decisiones tomadas.
  • Preservar grabaciones y registros telefónicos.
  • Atender al personal que recibió la llamada. Es una experiencia desagradable y suele ignorarse.

El caso de las amenazas repetidas

Cuando una organización recibe amenazas falsas de forma recurrente, aparece un riesgo nuevo: la normalización. La quinta amenaza se atiende con la mitad del rigor que la primera, y esa es exactamente la lógica que un atacante real aprovecharía.

La respuesta correcta no es relajar el protocolo sino ajustar el criterio de decisión con la autoridad, manteniendo intacto el procedimiento de registro y notificación.

Sobre normativa

Los deberes de notificación a la autoridad, los protocolos exigibles y las responsabilidades asociadas varían según el tipo de instalación y la jurisdicción, y se actualizan con el tiempo. Coordina siempre el protocolo con la autoridad competente y con asesoría especializada: lo anterior describe práctica operativa, no requisitos legales.

Dónde debe estar el formulario

Todo lo anterior depende de un detalle logístico que decide si el protocolo funciona: el formulario de la llamada tiene que estar impreso y a la vista junto a cada teléfono que reciba llamadas externas.

No en una carpeta, no en el computador, no en un correo. Impreso, plastificado si hace falta, pegado al lado del aparato.

La razón es simple: quien recibe la llamada tiene menos de un minuto y las manos ocupadas. Buscar algo, aunque sea en un cajón cercano, significa perder el principio de la conversación — que es donde suele estar la información más específica.

La verificación de que ese formulario sigue ahí, legible, es una tarea de rondín. Y desaparece con una frecuencia notable.

Para cerrar

Casi todas las amenazas son falsas. El protocolo no existe para las falsas: existe para que, el día que una no lo sea, nadie tenga que improvisar la decisión más difícil de su vida.

Y su parte más barata —un formulario impreso junto al teléfono— es también la más útil.

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