Programa de Referidos: el Canal Más Barato que Nadie Formaliza
Programa de referidos: cómo pedir el referido, cuándo, y qué reconocer a quien lo da. El canal más barato que nadie formaliza, guía para Chile.
En seguridad privada, la mayoría de los clientes nuevos llega por recomendación. Casi todas las empresas del sector lo saben y casi ninguna lo trabaja de forma sistemática. Se espera que ocurra.
Un canal que produce la mayor parte del crecimiento y que nadie gestiona es, sencillamente, una oportunidad desaprovechada.
Por qué funciona tan bien en este sector
Contratar seguridad es una decisión de confianza. El comprador no puede evaluar la calidad del servicio antes de contratarlo: no hay demostración posible, y las propuestas se parecen todas.
En ese contexto, la recomendación de alguien que ya lo vive resuelve el problema de información. Por eso pesa más aquí que en casi cualquier otro servicio.
Y hay una segunda razón: los administradores de propiedades, jefes de operaciones y gerentes de instalaciones se conocen entre sí. Circulan en las mismas asociaciones y foros, y se preguntan.
Un cliente con buenos indicadores es un cliente en condiciones de recomendar; el dato dice a quién pedirle.
El momento: cuándo pedir
Es lo que más determina el resultado, y casi siempre se hace mal —o no se hace.
Los buenos momentos:
- Después de resolver bien un incidente. Cuando el cliente acaba de comprobar que la empresa responde. Es el mejor momento de todos y el que menos se aprovecha.
- Tras una reunión de revisión positiva, con los números buenos sobre la mesa.
- En la renovación, cuando el cliente acaba de decidir seguir.
- Al cerrar el primer año sin problemas.
Los malos momentos:
- Justo después de una queja o un incumplimiento.
- Al mismo tiempo que se comunica un aumento de precio.
- Por correo masivo, sin contexto.
La diferencia entre pedir en el momento correcto y en el incorrecto es enorme, y no cuesta nada elegir bien.
Cómo pedirlo
La forma importa. Cuatro reglas:
Ser específico. “Si conoce a alguien que necesite seguridad, avísenos” no produce nada: es demasiado abierto y obliga al cliente a pensar.
Funciona mejor acotar: “¿Conoce a algún administrador de otro edificio de la zona que esté teniendo problemas con su proveedor?”. La pregunta acotada activa la memoria.
Pedirlo en persona o por teléfono, no por correo masivo.
Que lo pida quien tiene la relación, no un área comercial anónima.
Facilitar el paso. La opción que más funciona: “si le parece, yo lo contacto de su parte, usted no tiene que hacer nada”. Pedirle al cliente que gestione la presentación es pedirle trabajo.
El reconocimiento: la parte delicada
Aquí hay que tener cuidado, y conviene decirlo con claridad.
Ofrecer dinero a la persona que decide una contratación puede ser problemático. Si el administrador de un edificio recibe un pago por recomendar a un proveedor, eso puede constituir un conflicto de interés respecto de su mandante, e incluso tener implicaciones legales según el caso.
Las alternativas que no generan ese problema:
Reconocimiento a la empresa cliente, no a la persona: un descuento en su propio servicio, un mes bonificado, un servicio adicional sin costo por un período.
Reciprocidad profesional: presentarle a él otros proveedores confiables cuando los necesite. En el mundo de la administración de propiedades, eso vale mucho.
Reconocimiento simbólico y público, con su autorización: mencionarlo como referencia, invitarlo a un evento, un agradecimiento formal.
Mejor servicio, sin más. Muchos clientes recomiendan simplemente porque están conformes, y agregar una transacción puede incluso incomodar.
La regla práctica: si el reconocimiento tuviera que ocultarse, no corresponde. Cualquier programa debe poder explicarse abiertamente al mandante del cliente.
La calidad que se puede demostrar es lo que hace que un cliente se anime a poner su nombre de por medio.
Los referidos que casi nadie trabaja
Más allá de los clientes, hay tres fuentes que producen y que se ignoran:
El propio personal. Los guardias de seguridad conocen otros sitios, hablan con personal de otras empresas y saben dónde el servicio está funcionando mal. Un canal interno para que reporten oportunidades —con un reconocimiento claro— produce más de lo que uno imagina.
Proveedores complementarios: empresas de aseo, mantenimiento, jardinería, control de plagas. Atienden a los mismos clientes, no compiten, y se cruzan constantemente. Una relación de referidos mutuos con dos o tres es un canal estable.
Exclientes. Suena contraintuitivo y funciona: alguien que dejó de ser cliente por razones de presupuesto puede recomendar sin problema, y a veces con más credibilidad porque no tiene interés.
Cómo hacerlo sistemático sin burocracia
No hace falta un programa formal. Hacen falta tres hábitos:
Preguntar en cada reunión de revisión. Una pregunta al final, siempre la misma.
Registrar de dónde vino cada cliente nuevo. Sin ese dato, la empresa no sabe qué canal funciona. Es sorprendente cuántas empresas no lo tienen.
Agradecer y cerrar el ciclo. Cuando un referido se convierte en cliente, avisarle a quien lo dio y agradecerle. Es lo que hace que vuelva a recomendar.
Ese último punto es el que más se descuida: alguien recomienda, nunca se entera de qué pasó, y no vuelve a hacerlo.
El referido que llega solo: cómo no perderlo
Hay un caso que se maneja mal con frecuencia: alguien llama diciendo “me recomendó fulano”. Ese contacto llega con la mitad del trabajo comercial hecho y con frecuencia se trata como una consulta cualquiera.
Tres cosas que cambian el resultado:
Reconocerlo de inmediato. “Qué bueno, trabajamos con él hace tres años.” Confirma la relación y sube la confianza desde el primer minuto.
Atenderlo con prioridad. Un referido que espera dos días una respuesta le da un mal reporte a quien lo recomendó, y esa persona no vuelve a recomendar.
Avisarle a quien recomendó, con permiso del nuevo contacto. Cierra el ciclo y activa la próxima recomendación.
Y el que llega mal referenciado
Ocurre también: alguien recomienda a la empresa para un servicio que no presta o en una zona que no cubre. La reacción natural es declinar y cortar.
Conviene hacer un movimiento adicional: derivar a alguien que sí pueda, si se conoce. Cuesta un llamado, deja bien parado a quien recomendó, y con frecuencia vuelve —el sector es más chico de lo que parece.
La condición previa
Un programa de referidos sobre un servicio mediocre no funciona, y además acelera el daño: la gente comenta lo malo con más facilidad que lo bueno.
Antes de pedir recomendaciones conviene mirar los propios indicadores. Los clientes a quienes pedir son aquellos cuyo servicio tiene buenos números y con quienes la relación está bien. Pedírselo a un cliente con problemas abiertos es contraproducente.
Para cerrar
El canal que más clientes trae en este sector es también el único que la mayoría de las empresas deja completamente al azar.
Formalizarlo no requiere presupuesto ni estructura: requiere preguntar en el momento adecuado, facilitar el paso, y avisar cuando funcionó.
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